Go to Top

El castillo de Miravet

 

Siguiendo el curso de los ríos, los castillos medievales protegían el territorio de las invasiones de los normandos. En efecto, los vikingos navegaban a lo largo de las costas del Atlántico y del Mediterráneo, y aprovechando la agilidad de sus embarcaciones a remo y de pequeño calado, hacían incursiones por los ríos atacando las ciudades situadas en el corazón de Europa. También, la inestabilidad política, surgida después de la caída del Imperio romano, provocó que el fenómeno de la piratería renaciera en el Mediterráneo.

Por esta razón, a poca distancia aguas arriba de Amposta, dos torres situadas en las orillas opuestas del río Ebro sujetaban una cadena de hierro que cerraba el paso a las embarcaciones hostiles. A pesar de ello, las poblaciones de Tortosa y Amposta fueron atacadas y arrasadas por los piratas en varias ocasiones.

El castillo de Miravet, erigido en lo alto de un acantilado situado en la orilla del río, permitía controlar el tráfico naval y cobrar impuestos a los mercaderes que circulaban por sus dominios.

 

 

Una fortaleza íbera en sus orígenes, sin duda, fortificada por los romanos y los árabes, pero tras ser ocupada por los caballeros de la Orden del Temple se sometió a una completa remodelación, aplicando las tecnologías de fortificación experimentada en los castillos de Tierra Santa.

El resultado es un castillo inexpugnable, cuyas características explicaremos con detalle a niños y jóvenes. Protagonista de muchos siglos de historias y batallas, durante la Guerra Civil tuvo que ser conquistado abatiendo los lienzos de sus murallas con disparos directos de cañones antiaéreos.

Hoy en día, restaurado, ha recuperado su antiguo esplendor y es destino para el turismo cultural.