El milagro de la harina lacteada

Un pequeño homenaje a Henri Nestlé

A mediados del siglo XIX la tasa de mortalidad infantil era muy alta.

En Suiza, uno de cada cinco niños nacidos vivos no llegaba a cumplir un año. Muchos de los fallecimientos se debían a la falta de leche materna, que en algún caso resolvían llevando al niño a una nodriza que lo amamantara.

Parte de los niños supervivientes padecían raquitismo, un trastorno que causa el reblandecimiento y debilitamiento de los huesos debido a la falta de vitaminas por una mala alimentación. Quedaban pues condenados a terribles dolencias y una corta vida.

En otros casos, madres desesperadas daban otros alimentos a sus bebés, quienes fallecían víctimas de diarreas y otros problemas digestivos.

Un comerciante e industrial dedicado a distintos negocios y residente en Vevey (Suiza), vio el problema de la mortalidad infantil. Con su mentalidad técnica y científica abordó este grave asunto y, fruto de sus investigaciones y numerosas pruebas, encontró un alimento perfecto para salvar la vida de muchos bebés: una mezcla de harina de trigo tratada con leche y azúcar.

Tras ello, puso en marcha una fábrica de harina lacteada en su ciudad y su fórmula tuvo un éxito inmediato.

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Se llamaba Henri Nestlé. Nació en Frankfurt el año 1814, en plenas guerras Napoleónicas, y murió en Suiza el año 1890.

El resto de la historia ya la conocemos. Vendió su empresa al cumplir los 60 años, cuando las ventas de harina lacteada ya se habían extendido a muchos países.

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Nestlé significa ‘pequeño nido’ en alemán, de ahí el anagrama de su firma.
Desde aquí le rendimos un pequeño homenaje.

La Fundación Aurora dará a conocer a los niños y jóvenes las vidas de emprendedores que han ayudado al prójimo con su trabajo y esfuerzo, y los animará para que con sus ideas y esfuerzo contribuyan al bienestar de los Humanos.